Cómo afecta el alcohol a nuestro cerebro

Aunque en la ‘Cultura Mediterránea’ el consumo de vino es algo tradicional, como ocurre por ejemplo en Francia, donde no se concibe una comida ocena familiar sin que haya una botella en la mesa, el hecho que es irrefutable es que el consumo de alcohol afecta a nuestro cerebro.

Y no es que queramos estigmatizar al vino, ya que todas las bebidas que contiene alcohol nos afectan, en mayor o menor medida, a nuestra capacidad cerebral, sus estímulos, reacciones y velocidad en la que podemos tomar decisiones que podrían ser vitales en diferentes situaciones de nuestra vida diaria.

Existen campañas que quieren fomentar el consumo moderado de alcohol, incluyendo que este puede llegar a se beneficioso. Pero partiendo de nuestra premisa inicial, que el alcohol siempre afecta a nuestro cerebro, no podemos decir que sea realmente un hábito saludable.

Una ingesta de una bebida alcohólica activa en nuestro cerebro la actividad de un neuroquímico llamado GABA. Este es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro, lo que significa que llega a suprimir nuestra actividad neuronal. Por eso no os puede extrañar que cuando ingerimos cantidades excesivas de alcohol tengamos problemas en el habla, estabilidad para mantener el equilibrio, lentitud de reflejos o, incluso, perdidas temporales de memoria en la que no recordamos lo que hicimos.

Cada cuerpo es diferente, se ve afectado por el alcohol en diferente medida según somos cada uno pero, sin duda, a todos nos afecta, ya sea en mayor o menor medida. Por lo tanto, nuestro cerebro se verá afectado aunque el consumo sea mínimo.

Un consumo habitual de una cantidad diaria, aunque sea pequeña, reduce el tamaño de nuestro cerebro. La reducción es mayor según aumenta la ingesta diaria y habitual de alcohol.

Podríamos mencionar por ejemplo el estudio UK Biobank (con la participación de 36.000 sujetos) en el que se comprobó que las personas que habían ingerido diariamente un vaso de cerveza o una copa de vino de 170 ml en el último mes, presentaban cerebros que parecían casi cuatro años mayores que aquellos que no bebían alcohol. Específicamente, el estudio mostró que el consumo de alcohol estaba relacionado con una disminución tanto de la materia gris (vinculada a los controles musculares, al habla, a la percepción sensorial, a la memoria, a las emociones,…) como de la materia blanca (la que permite la comunicación entre el cerebro y otras partes del cuerpo).

Lo que sí es importante tener en cuenta es que no todos los daños que el consumo diario de alcohol lleva a cabo en nuestro cerebro son irreversibles, ya que su plasticidad puede hacer que se recuperen.

Pero sin duda que, un consumo diario de alcohol, aunque sea con moderación, a largo plazo produce daños cerebrales irreversibles.

Por ese motivo, desde AMEPRE queremos que os propongáis unos hábitos de vida saludables que eviten problemas futuros a vuestra salud en general y a la cerebral en particular.

Recordar que cerebro solo tenemos uno y no admite sustitución.

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